Desde la legalización del matrimonio igualitario en Estados Unidos en 2015, muchas personas han llegado a la conclusión de que la lucha por los derechos LGBT terminó. Después de todo, las parejas del mismo sexo pueden casarse, formar familias y acceder a muchos de los mismos derechos legales que las parejas heterosexuales.
Sin embargo, esa interpretación confunde una victoria legal con una aceptación social completa. A lo largo de la historia estadounidense, los avances en derechos civiles rara vez han eliminado por completo la oposición a esos derechos.
El hecho de que una ley cambie no significa que desaparezcan los prejuicios y movimientos políticos que continúan promoviendo visiones hostiles hacia determinados grupos. La comunidad LGBT no es una excepción.
El caso del pastor y excandidato republicano a la gobernación de Massachusetts, Scott Lively, es un buen ejemplo. Durante años, promovió discursos que describían a las personas LGBT como una amenaza para la sociedad y participó activamente en campañas internacionales de odio.
Aunque Massachusetts es uno de los estados más progresistas del país en asuntos sociales y civiles, siempre han existido sectores minoritarios que se oponen a esos cambios. Las posturas de Lively fueron perdiendo influencia dentro del debate político en Massachusetts, pero eso no significó el fin de su activismo.
Lively trasladó sus esfuerzos a Uganda, donde la religión conserva una influencia considerable sobre la vida política y social. Su discurso en ese país presentaba la homosexualidad como una “enfermedad contagiosa” y respaldó campañas que contribuyeron a la violencia, muerte y encarcelamiento de dichas personas.
Cuando Lively se postuló para las primarias republicanas de Massachusetts en 2018, grupos ugandeses defensores de los derechos humanos mantenían una demanda federal en su contra por el daño que hizo en Uganda.
El juez, en una decisión de 25 páginas, describió las opiniones de Lively como “ridículas, detestables, perturbadoras y patéticas”. Además, encontró que el daño de las acciones de Lively era claro, pero desestimó el caso porque no era el foro correspondiente para resolver las reclamaciones.
Los votantes republicanos de Massachusetts tampoco parecieron convencidos por su mensaje. Un abrumador 64% del electorado de su propio partido votó en su contra para favorecer a Charlie Baker, un republicano moderado cuyo hermano menor es gay. Scott Lively terminó convirtiéndose en una figura marginal dentro de la política estatal.
La historia de Lively demuestra que las ideas que alimentan el odio hacia las personas LGBT no desaparecen simplemente porque cambie la ley. El matrimonio igualitario resolvió una importante cuestión legal en 2015, pero no eliminó la intolerancia, los prejuicios ni los intentos de demonizar a una comunidad entera.
El Mes de Orgullo es una celebración, un acto de visibilidad y una afirmación de la dignidad humana. También es un recordatorio de que las personas LGBT forman parte de la sociedad y merecen ser vistas como seres humanos completos, no como caricaturas estereotipadas.
Mientras haya jóvenes creciendo con miedo al rechazo familiar, existan movimientos dedicados a cuestionar la igualdad de las personas LGBT y persistan discursos que promuevan la exclusión, el Mes de Orgullo seguirá teniendo una razón de ser.
Aunque el matrimonio igualitario es legal en todo Estados Unidos, hubo estados que lo aceptaron a regañadientes y eso explica por qué el nivel de aceptación social depende de la región. La igualdad legal es un logro crucial. Sin embargo, el respeto a la dignidad humana requiere mucho más que una sentencia judicial.


Leave a comment