Llegué a Boston en 2012 desde Florida con miedo, incertidumbre y vulnerabilidad. No tenía techo. Pasé ocho meses en refugios hasta que finalmente conseguí vivienda pública de la Autoridad de Vivienda de Boston.

Mi apartamento se convirtió en un refugio en medio de un vecindario marcado por tiroteos y pandillas. Aun así, representaba estabilidad y la reconstrucción de mi vida.

Con el paso de los años, Boston se convirtió en el lugar donde logré estabilidad, construí independencia y participé en mi comunidad.

Sin embargo, mi historia en Massachusetts no fue solamente Boston. En 2020 me mudé con un vale de Sección 8 a Malden, un municipio de la región metropolitana de Boston. Malden fue el escalón hacia el próximo paso en mi vida.

Massachusetts es un estado con un costo de vida extremadamente alto. La Sección 8 es solamente la fuente del pago de la renta, pero no me protege de los vaivenes del mercado ni de la volatilidad de los servicios públicos, aunque existan descuentos por bajos ingresos.

En 2026 me encuentro en proceso de mudarme a vivienda pública tradicional en Providence, la capital del vecino estado de Rhode Island. Providence está a una distancia comparable a la de San Juan y Arecibo. La diferencia es que Boston y Providence están conectadas por tren directo. Me mudo a otro estado, pero sigo conectado a Boston.

Como parte del proceso de admisión, la Autoridad de Vivienda de Providence solicitó referencias tanto de mi propietario actual bajo Sección 8 en Malden como de la Autoridad de Vivienda de Boston. Ambos presentaron referencias muy positivas sobre mí y eso significa mucho. La persona que llegó a Boston sin hogar en 2012 tiene gente que pueden hablar de su responsabilidad y estabilidad.

Hay razones económicas para mi mudanza. Rhode Island tiene un salario mínimo superior al de Massachusetts y un costo de vida más bajo. Además, mientras Massachusetts mantiene una tasa contributiva de 5% sobre los ingresos, sin importar si eres pobre o rico, Rhode Island utiliza un sistema escalonado donde los ingresos más bajos pagan apenas 3.75%. Es decir, Rhode Island no castiga a la clase trabajadora.

Sin embargo, no me voy de Massachusetts con las puertas cerradas. Antier recibí un correo del Departamento de Elecciones de Boston para invitarme a trabajar nuevamente en los precintos electorales. Aunque ya no soy residente de ese municipio y estoy próximo a salir de Massachusetts, ese mensaje confirma que hice un buen trabajo.

Hace catorce años llegué a Boston desamparado, vulnerable y sin hogar. ¿Quién diría que algún día estaría contando esta historia? Molí vidrio. Tuve que luchar, adaptarme y conectarme con personas e instituciones clave que me ayudaron a salir adelante.

Creo que logré el sueño americano, pero no es el sueño basado en comprar una casa, tener un automóvil o acumular bienes materiales. Mi sueño americano fue menos rimbombante y más profundo: alcanzar estabilidad, independencia y dignidad. Me voy de Massachusetts, pero no me voy vacío.

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