Para alguien que observa a Estados Unidos desde el Caribe y el resto de América Latina, Canadá puede parecer simplemente el país situado al norte de Estados Unidos. Sin embargo, desde Nueva Inglaterra, la geografía tiene un significado diferente. La provincia de Quebec es su socio inmediato al norte.
De acuerdo con Hydro-Quebec, aproximadamente 50% de sus exportaciones de electricidad se dirigen a Nueva Inglaterra. Maine, New Hampshire y Vermont comparten frontera directamente con Quebec. Y aunque Massachusetts no colinda con la provincia, forma parte de la misma región económica y energética.
Hydro-Quebec puede suministrar hasta 20% de la energía que consume Massachusetts. En enero de 2026, la gobernadora de Massachusetts celebraba la finalización de una nueva línea de transmisión desde Quebec, un proyecto que reduciría los costos energéticos en aproximadamente $50 millones anuales en el estado.
Aunque la guerra arancelaria de Trump contra Canadá no incluye la energía, Canadá dejó claro que, si Trump continúa escalando, no descarta utilizarla como represalia, justo cuando Massachusetts firmó un contrato de 20 años con Hydro-Quebec por la nueva línea de transmisión.
Lo más contradictorio es que Washington presiona a Canadá sin ofrecerle a Nueva Inglaterra una alternativa de generación nacional equivalente que sea más barata. Y una nueva fuente doméstica de generación de energía no se construye por orden presidencial ni aparece de un invierno para otro.
Por otra parte, la relación de Nueva Inglaterra con Quebec no termina en la electricidad. Quebec mantiene una oficina gubernamental en Boston desde 1970 para fomentar el intercambio político, artístico, económico y académico con los seis estados de Nueva Inglaterra.
Si ocurriera una emergencia energética en Nueva Inglaterra, la región contaría con la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, en inglés). Sin embargo, la asistencia federal no sustituye la importancia de los vecinos inmediatos.

La respuesta tardía de FEMA a los desastres en Puerto Rico demostró que ningún otro estado o territorio debe confiar en la respuesta federal como la primera opción que estará disponible.
Por eso importa quién está cerca mientras FEMA llega. En el clima político actual, resulta imprudente que Trump deteriore las relaciones con Canadá como si Washington fuera todopoderoso.
Además, hay una historia humana detrás de las relaciones con Quebec. Durante generaciones, miles de francocanadienses emigraron hacia Nueva Inglaterra. Familias, trabajadores, mercancías y cultura llevan más de un siglo cruzando esa frontera. Y en términos de valores sociales, Nueva Inglaterra se parece más a Canadá que a Estados Unidos.
Existe una diferencia enorme entre tener al vecino del norte como socio estable y convertir esa relación en amenazas, represalias e incertidumbre política cuando Nueva Inglaterra depende parcialmente de la energía de Hydro-Quebec.
Otro gran apagón, como el que ocurrió en 2003 en el noreste de Estados Unidos y dejó sin servicio a 50 millones de personas, no puede descartarse en una región tan interconectada. Y mucho menos cuando Trump pone en jaque relaciones históricas de cooperación que sostienen el comercio y fortalecen la seguridad energética regional.
En una ola de frío ártico a 0 grados Fahrenheit (18 grados centígrados bajo cero) un apagón no sería una simple inconveniencia, sino una emergencia devastadora. Basta esperar a que el cristal de las ventanas empiece a irradiar frío hacia el interior y la parte metálica de los marcos desarrolle escarcha. No hay abrigo dentro de la casa que te salve de eso.


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